Las verdaderas madres de la ginecología moderna

Las verdaderas madres de la ginecología moderna

Fuente de imagen: Vanessa Gamble (2016).  “Remembering Anarcha, Lucy, and Betsey: The Mothers of Modern Gynecology”

Desde el siglo XX, las mujeres que hemos tenido acceso a servicios ginecológicos nos hemos respaldado en los avances de la medicina moderna. Sin embargo, muchos de los mismos se han fundado en prácticas médicas cuestionables, y se sirvieron de comunidades excluidas de ciudadanía.

James Marion Sims fue un doctor estadounidense que trabajó en Alabama, luego de la muerte de sus dos primeros pacientes. En 1846, a pedido de su “dueño”, Sims atendió a una mujer esclava llamada Lucy que había estado en labor de parto por 72 horas. Esta desarrolló fístula vesico-vaginal: canal anormal entre la vejiga y la vagina, lo cual produce goteo constante de orina por la vagina. En tiempos de la esclavitud, la fístula estaba asociada con las mujeres negras por presentarse entre esclavas que tenían complicaciones en el parto sin atención médica.

Sims persuadió al amo de Lucy y otras dos esclavas, Betsy y Anarcha, para experimentar en ellas a cambio de no dañar su salud permanente y entregarlas en un estado suficiente para seguir siendo explotadas laboralmente. Desde 1846 hasta 1849, él operó 14 mujeres esclavas sin anestesia; usando técnicas e instrumentos que no se habían empelado antes en humanos y acompañado de una docena de galenos que observaban cada operación. Fue en estos ensayos que desarrolló el espéculo, cuyo diseño se ha modernizado pero ha variado poco del que Sims inventó. Anarcha fue operada 30 veces, hasta que finalmente el uso de suturas con hilos de plata reparó su fístula exitosamente. Sims usó la misma técnica en las demás esclavas. Sólo luego de comprobar su logro, ofreció la cirugía a mujeres blancas.

Incluso en el tiempo que realizaba estos procedimientos, fueron motivo de escándalo. A mitad del siglo XIX ya estaba autorizada la anestesia para uso quirúrgico, y vale recalcar que Sims sí la usó con sus pacientes blancas. En estos tiempos, tampoco se acostumbraba realizar experimentos médicos en esclavos y era visto con desdén en la comunidad médica. Otros doctores lo instaron a que detuviese los experimentos, ante lo cual Sims respondió que las mujeres habían demandado las operaciones y que en ciertos casos él había comprado a las esclavas.

Estas mujeres eran tratadas como propiedad, nada más que meros objetos usados para el provecho de otros. El sistema de opresión hacia los afro-americanos se naturalizó mediante la medicina, la cual creía que los negros sentían menos dolor que los blancos. Es más, el mismo Sims abría los cráneos de niños negros para mover los huesos y ver qué ocurría. En otra ocasión, removió la mandíbula de un esclavo quien rechazó el procedimiento, pero fue amarrado y forzado a someterse a ella sin anestesia.

Desde el movimiento negro por los derechos civiles en los 50’s, James Marion Sims ha sido vilificado como un ejemplo clásico de los maldades de la esclavitud. Las placas y estatuas que señalan sus posteriores reconocimientos, entre ellos ser el presidente de la Asociación Americana de Medicina, han sido cuestionadas e intervenidas.

Al mismo tiempo, las mujeres esclavas que sirvieron de conejillos de Indias han sido elogiadas como las madres de la ginecología moderna. Con su dolor, su sangre y sus entrañas, ellas construyeron el camino hacia la salud que muchísimas mujeres han caminado por más de un siglo. Gracias a su sufrimiento, mujeres en todo el mundo han visto corregidas sus fístulas, y han sido examinadas usando el espéculo. Ellas son las verdaderas heroínas del avance científico en la salud femenina, y como tales las recordaremos.

Fuentes: